MÁQUINA DE ESCRIBIR

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El cambio que supuso pasar de escribir a mano a escribir a máquina ha sido quizás una de las transformaciones mentales más severas que nuestra sociedad haya conocido. La escritura pasaba a ser una mediación, se creaba una distancia que a la larga acabó afectando a la manera en que pensamos la propia escritura, de la misma manera que la creación de la máquina de coser en la década de 1860 afectó definitivamente la forma en que proyectamos nuestra identidad visual en el vestido. No es casualidad que William Jenne, jefe de Remington, la compañía que desarrollara junto a Singer las primeras máquinas de coser, fuera también quien impulsara la producción en masa de la máquina de escribir. Nietzsche había escrito que nuestras herramientas de escritura también trabajan sobre nuestros pensamientos. También vino a decir lo mismo Mark Twain, cuando escribió Tom Sawyer en 1874, el primer texto literario de la historia realizado a máquina. Con la aparición de la máquina de escribir, las caligrafías se unificaban en un preciso código simbólico que llevaba a la escritura a la sola función de su registro. La máquina de escribir abría la concepción de que los medios sólo se constituyen de otros medios; es decir, que la escritura mediática se constituye por la capacidad de conexión entre distintos soportes, cuya importancia en nuestra cultura digital ahora subrayaremos. Escribir a máquina era registrar la escritura, que a su vez, registraba el lenguaje. Transferir mensajes de un medio a otro siempre implica modelarlos para que se ajusten a nuevos estándares y materiales . A su vez, la vocación exhaustiva de la escritura quedará enormemente reforzada con la mecanografía, puesto que de 40 o 50 palabras al minuto que se pueden escribir a mano, se pasó a 300 o 350 palabras. La capacidad de descripción y desarrollo de contenido adquiría nuevas dimensiones con la mediación mecánica sobre la escritura. Señalemos también la influencia de la linguística a la hora de analizar las secuencias de las letras más usadas en inglés y que llevaron a la organización del teclado tal y como lo conocemos hoy.
Es interesante observar que, sin embargo, durante la misma época nuevas técnicas de escritura mecánica buscaban un vínculo directo con la expresión oral, intentando minimizar al máximo la mediación sobre el lenguaje mismo. Este es el caso de la taquigrafía, o estenografía (del griego, escritura oculta). La estenografía, comercializada con profusión desde 1879, representó una auténtica técnica de registro y transcripción precisa de expresión oral, que en realidad buscaba mediar lo menos posible en el contenido del dictado expresivo. Como ejemplo del carácter exhaustivo de la taquigrafía, hoy en día la licencia para ejercer profesionalmente la estenografía en tribunales y en otras instituciones se condiciona a la consecución de un mínimo del 96,5% de exactitud en la transcripción de un discurso o dictado.


Estenógrafo, 1879

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